septiembre 02, 2007

MORAL


En el estrado de la sociedad, hay un panel determinante que señala a aquellos que indiferentes o no de los prejuicios de los demás, han tropezado en medio de la función, con el público abucheando alrededor, y sin vuelta atrás, lo hecho, hecho esta. Y en medio de la conmoción, el clásico adolescente que se nubla en confusión, exclamara con un último grito de desesperación: dejen de señalarme, por favor, que no he sido el primero en perder mi inocencia, que he sido engañado por primera vez en lo que fue mi primer amor. Dejen de juzgarme, por favor, que en esta obra que recién se entiende, el único que vivo soy yo.

Mírenlo, perdió su inocencia, mírenlo, que no deja de tropezar. Estén atentos a cada palabra, a cada movimiento, que pronto tendremos mas razones de atarlo a la moral. Que no queremos reestructurados, que no queremos ninguna mancha en la pared, ningún grito alarmante ni ninguna anormalidad, ninguna viene bien. Mírenlo, es tan tonto para hablar bien, mírenlo, noten que no vale la pena ensuciarnos por el. Que que importa lo que el quiera, que importa si hay una conmoción por todo su ser, no ha visto nada que nosotros no hayamos visto y si lo ha visto, tápenle la boca, qe probablemente no lo ha visto del todo bien. Atenlo, grítenle, oblíguenlo a ser lo que ustedes quieran que sea el. Reprímanlo, cúlpenlo, vigílenlo, y estén atentos a cada paso en falso que pueda cometer.

 E igualmente, déjenle en claro que no hay ninguna contrariedad, el debe ser autentico, justo y libre PARA VOLAR. Y ahora me tendrás que contestar con un: si, mama.

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