septiembre 02, 2007

El olvido

Al mundo le gusta hablar de la belleza del amor, aludiendo la belleza del olvido como si fuera un rincón del rompecabezas al que le gusta ser evadido. Como si el caer en una crisis de naturalezas reprimidas no fuera digno de ser admirado dentro de las expresiones humanas que mas resaltan.

 Las personas se ciegan en ver la belleza de un llanto en desesperación porque cese el anhelo de un roce no correspondido. Se ciegan a ver la belleza del aludir al amor que se convertiría en la única solución a un alma rota e incomprendida. Se ciegan a ver la belleza de la fuerza innata en un control sobre los más bajos instintos.

 Y finalmente, la belleza del real olvido. La belleza de la recuperada libertad y la sonrisa genuina. Del orgullo y el amor propio primeros en la escala de valores. La libertad del pensamiento a la divagación y a las cosas sin sentido, la libertad de los días sin las manos represoras que te ahogaban en un capricho. La beldad del recuerdo dentro del olvido, el perfume inherente a la almohada que aun dejo su mas leve resoplido, las palabras que jamás podrían irse con el aire, y el sabor amargo de unos besos que un día fueron adictivos. La necesidad pérdida de sentirse protegido dentro de una esfera de calor, cuerpos y risas, y la desolación de que esta vez tus noches vayan a terminar frías. 

Como no poder ver la belleza del olvido? Que con una soga esta atada al amor, y es mucho mas fuerte que este mismo. El olvido, que va de la mano de la soledad pero deriva también al fin de la misma. Que puede ser mas bello que un alma intentando extraerse el dolor de si misma? Que puede ser mas digno que caer completamente vulnerable e indefenso a otra persona y levantarse de la misma a manos propias? Insulso quien pudo amar sin esfuerzo, insulso quien pudo encontrar la felicidad sin luchar por ella. Las personas se olvidan que la verdadera belleza esta en el orgullo de lograr algo que costo mucho mas que un par de palabras tontas y una aceptación indiferente, que la verdadera belleza se encuentra en el dolor mismo y la satisfacción posterior. 

Que una sonrisa asoma mi cara y dice claramente “soy libre de vos”, y una pequeña marca también dice “ no quiero estar sola, tómame nuevamente por favor”, y ahí es cuando la soledad anota nuevamente su gol.

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