
Pendes de un hilo que se dobla imperceptiblemente a tus ojos, pero no a los de los demás. La indiferencia absurda que rige en cada persona impide bajo ningún instinto a advertirte tu final, y poca cosa si lloras un año y un algo más por aquel hilo que se corto y para vos era vital. Que ella es feliz con alguien mas, y no te palmeara la espalda si lloras por aquella persona que, dando un último grito terminal, te dijo con poca sensibilidad que no encontraría refugio en ti nunca más. Mira que hay cosas mucho más importantes para llorar, mira que el perder una nube y caer con los tobillos rotos a la realidad es algo tan normal.
No me vengas a llorar de tu perdida irreal, que no tengo tiempo para programar mi contestador, que esta cansado de escuchar las mismas pavadas y yo me rompo por dentro por no tener el valor. No, claro que no te escucharan. Que mi moral nunca fue con la de la sociedad. Que tus relaciones sabes bien que son un disfraz más.
Y si encuentras un consuelo y te abrazas por tu agonía con todo tu peso en esa falsedad, encuentras la armonía entre tanto grito..Por supuesto que es una mentira más. Y no lo ignoras. Pero que mas nos queda que el disimulo de amar?. Te tenderé un brazo roto si tenes ganas de llorar, pero sabes muy bien que lejos sentiré poca fraternidad, y que si suelto alguna frase tonta, es porque se me acaba de cruzar. O fue utilizada tantas veces que notaras que estoy lejos de vos y tu realidad. Que sinceramente el mundo se me vuelve tan egoísta y simple, nadie te escucha en verdad, todos tienen algo que decir y con poco esfuerzo te taparan.
Y es que ahí, cuando me dan ganas de gritar, cuando me dan ganas de sentir, automáticamente doy un paso atrás: no seré otra tonta que intento cambiar un poco el mundo y empezar a escuchar. No seré la idiota que moriría por otra persona a la hora de actuar. Y definitivamente no seré la ilusa que pudo amar. No, mejor hagamos como los demás, donde la vida gira alrededor de una rutina en la que al final todos mueren todavía con la ilusión de que ya llegara algo mejor, incompletos, explotados y con algo de rencor.
Y es que te tiemblan las manos a la hora de decidir que quieres ser en verdad: el insensible bruto superficial que va con la humanidad o el individual y clásico marginado social. Y es que te tiemblan las manos porque sabes bien que ninguna te chocara con la felicidad, no, no en esta realidad.
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