
Me estoy revolviendo nuevamente en el humo ciego de la gente, como mil veces me he reprochado hacer. Me embriaga la sensación de no entender que es lo que alguna vez no te pude ver, y me insulto a mi misma con la contradicción de no querer sentir reiteradamente arder mi piel. Ya no hay mucho que no te pueda decir, ya no hay mucho que pueda hacer. Hoy, un jueves insulso con sabor amargo a ayer, quise tenerte otra vez. Hoy, mientras sentía tus brazos reconfortándome otra vez, lo único que quería era volverte a poseer. Y llorar por mi debilidad, también.
Me había jurado a mi misma el recoger aquellos recuerdos que uno por uno habían dejado una raja irreparable en mi orgullo, y así obligarme a odiarte. Me había hablado a mi misma del amor propio, y de mi deber en alejarte. Me había convencido, superando el rechazo a la horrible idea, de que no éramos tan parecidos. Hasta llegue a creerme que lo único que sostenía mi afecto era que éramos amigos. Me había dicho mil mentiras, y por momentos una irreal felicidad adherida a un olvido ficticio parecía asomarse. Me había jurado a mi misma que no derramaría una lágrima mas en tu honor, y estas mismas hoy me descubrieron acariciando mi piel en una patética traición.
Hoy, un jueves insulso con sabor amargo a ayer, mis propios valores se ven vencidos por tus labios otra vez. Hoy, después de tanto tiempo de planes con el objeto de no volver a sentir que me rompía nuevamente, llegaron tus juegos de risas para batallarlos en una guerra que ganan siempre fácilmente. Que mi orgullo se ve doblemente arremetido por tu conciencia en este ambiente, tu bien me has admitido que con pocas palabras sabes que me tienes sencillamente.
Hoy mi inconsciente le ha ganado a todo lo que alguna vez prometí, en medio de carcajadas me has sorprendido preguntando “ Aun me quieres?” y un “si” rotundo oíste inmediatamente.












