agosto 07, 2009

ME RINDO


“Vamos a jugar un juego” le susurro ella, lamiéndole el oído. Su pulso se acelero, notando su pecho apoyado sobre su tórax, su respiración instantáneamente se corto. La tomo de la muñeca, para acercarla a su boca, y ella rápidamente huyo riendo. “No, tonto, aquí no”. Mientras su pollera volaba al compás de sus piernas, torpemente se levanto. La siguió, corriendo por el piso de cemento, mientras ella se daba vuelta y reía al ver su expresión. Avergonzado, cuando llegaron al borde de los limites del colegio, se detuvo. Ella le miro desafiante, y el, tomándola por la cintura, la acerco a si mismo. El rostro de ella se crispo “ Te dije que era un juego” refunfuño mientras lo alejaba “Y todo juego tiene reglas”. El se quedo mirándola, atontado. Su belleza lo abrumaba, se sometería a cualquier estupidez que por la mente de ella, la mismísima Venus, se cruzara. Ella sonrió finalmente, aliviándole la tensión. Puso sus manos sobre sus mejillas rojas, y acerco su boca a la de el. Sus respiraciones agitadas por la reciente carrera chocaban una contra la otra, el sintió su perfume de cerca y supo que estaba perdiendo cualquier tipo de control sobre si mismo. Ella rozo con delicadeza sus labios contra los suyos, “ como si quisiera matarme dulcemente” pensó el. “ Hay una única regla y es la siguiente” Murmuro ella mirándolo a los ojos, y hizo que sus labios se rozaran nuevamente. “ ¿Cuál?” inquirió el, al borde de la perdición. Ella sonrió por ultima vez, antes de gritar colérica “EL QUE AMA, PIERDE” y con su pequeño puño de un solo golpe lo tumbo.

 

Por un segundo, el rostro de el mostró confusión. “ ¿Qué quere…?”, sin poder terminar la frase, ella ya estaba arriba de el. Y en el momento en que ella lo tomo del cuello, y golpeo su cabeza contra el césped llena de rabia lo entendió de una vez. Rápido, la tumbo a ella debajo de el. Le doblo los brazos, estrujándole la piel y le demostró quien tenia el poder. Su sonrisa de suficiencia quedo borrada al instante, cuando ella con un cabezazo acompañado de los vaivenes de sus cabellera dorada casi le hace perder el conocimiento. La batalla apenas había empezado. Se fueron arrastrando colina abajo, por el césped, robándose continuamente la victoria y el control. Como una de sus manías, ella en un momento le rompió la camisa, y se tomo un instante para admirar la belleza del torso masculino desnudo. Un segundo de distracción que le costo un ojo negro. Se repuso y lo golpeo en la boca tan duro que de esta comenzó a borbotear sangre. El, se vengo luego, robándole la pollera escocesa. Sonrió triunfante, y ella con rabia llevo sus manos a su pecho, rompió los botones de su camisa en un segundo y dejo sus senos al descubierto. El, atolondrado,  tarde supo que era una táctica de guerra,  cuando las uñas rojas de ella arañaron su espalda de arriba abajo. La pelea continuo hasta que llegaron colina abajo, donde un río salvaje corría por las piedras. Ambos, ya desnudos completamente, ni siquiera lo notaron. Sus cuerpos sudorosos se retorcían sobre el césped mojado, frenéticos y descontrolados. Hasta que en un momento por fin, todo se detuvo. Ella, entre golpes, lo arrastro al borde de las rocas, y le apretó la garganta hasta casi asfixiarlo. El, dotado de una fuerza superior, no se podía mover: sus brazos, inmóviles bajo su propio peso, estaban atrapados en ese momento. Ella sonrió victoriosa, encima de el y se agacho para susurrarle, ironica, su ultimátum: “ ¿asfixiado o ahogado?”, aflojo un poco las manos de su garganta, piadosa, para que pudiera responder. Se miraron por varios segundos, acelerados, con los dientes apretados. “ Ninguna de las dos, me rindo” grito el con la voz entrecortada. Soltó un gruñido, mal humorado Ella lo miro expectante, soltándolo completamente y alzo una ceja, con una sonrisa a punto de escaparse de su rostro seco. “ Esta bien, te amo”, susurraron los labios sangrados de el, vencido. Ella se acostó exhausta, lo abrazo apoyando la punta de su nariz contra la de el y estallo en carcajadas.

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