Tus ojos se clavaron en mi cabello otra vez. Empecé a sentir como me transpiraba la nuca. Me disculpe un minuto, el clásico sintagma cristalizado, y me levante torpemente de aquella silla de madera, un poco podrida, del bar. Camine rápidamente hacia el baño, volteando la cabeza un segundo para comprobar que te había dejado en soledad. Me luciste una sonrisa, y yo tímida, me voltee nuevamente y seguí mi camino.
Entre al baño, respire hondo. Cerré la puerta, con una mueca asqueada por el hedor que emanaba aquel retrete publico. Busque mi imagen en el reflejo, observe mi cabello. Bien, nada fuera de lo normal. ¿por qué se me había quedado entonces mirando así la cabeza?. Bien, entonces no era nada. Estudie mi cara con detenimiento, delineador, rimel, rouge.. todos en su sitio, ninguno corrido. Me metí mejor la remera para que me hiciera parecer mas delgada. Me acomode el escote, para que mis senos simularan tener una forma redondeada. Comprobe si no tenia las medias corridas mientras mentalmente repasaba la conversación que acababa de tener con el: No había hablado de ex novios, ni de la estupidez mental de mis amigas, ni de mi empleada ni de sexo. Perfecto. No me había rascado la nariz, me había contenido de sacarme un pedazo de comida de entre los dientes, no había eructado por mas que estuviera hasta la garganta de cerveza y definitivamente había ocultado mi risa por una que sonara mucho mas femenina. Todo en orden.
Salí del baño, me seguías esperando con una sonrisa seductora. Entonces me pregunte si esa sonrisa podría ser natural. Me senté a tu lado. Me pregunte si no la habrías ensayado varias veces en el espejo durante años. Me acomode el pelo como mejor me quedaba desde el ángulo en que me estabas mirando. Me pregunte si un par de meses después, si lográbamos seguir juntos, me seguirías recibiendo siempre con esa sonrisa. Me acariciaste la mejilla y me besaste con delicadeza, sin propasarte. Entendí que estabas dominando tu pasión para no tirarme arriba de la mesa. Y solo entonces, me di cuenta que estaba disfrazada. Me sentí ridícula. sentí que el mundo se daba cuenta de que era una farsante, y se volteaban a señalarme. Y tu, ingenuo, todavía no te dabas cuenta. Todavía no sabias lo que te depararía si siguieras conmigo. Que, yo habiendo puesto tanto empeño en lograr armar este disfraz, si conseguía mi objetivo, me conocerías como nunca te lo había demostrado hasta ese momento. Si tu te enamoraras de mi, descubrirías que en realidad no tengo el cabello tan liso en la mañana..Que la pintura cuando pasan las horas, se me termina corriendo y se me forman unas horribles ojeras negras debajo de los ojos. Que de vez en cuando, me sale un grano en forma de cráter. Si tu llegaras a desnudarme, el cual era mi objetivo a largo plazo, notarias que mis senos en realidad tienen forma de cono. Que tengo un par de kilos de mas, y es probable que en algunas épocas engorde un par mas. Sobre todo en invierno. Que de vez en cuando lloro sin saber el motivo, y grito histérica que el mundo no es justo conmigo. Que me gusta mucho mas el sexo que a la mayoría de las mujeres, y eso ya ha logrado asustar a varios hombres conservadores. Que mis relaciones anteriores han sido todas complicadas, y siempre han terminado de forma desastrosa. Y si, he sido infiel un par de veces. Y si, con uno de sus mejores amigos. Aunque nunca entenderás el contexto en el que lo hice.
Te darás cuenta que me cuesta mucho contener mis eructos. Y cuando duermo, y tengo la nariz tapada, ronco fuerte. Que soy alérgica a los perros, al polvo, a cualquier tipo de pelo y a algunos condimentos, pero igual no me alejo de ellos, por lo que en ocasiones estornudo como una condenada todo el tiempo. Que en casa, me gusta estar con una remera grande y un calzón viejo. Estar tirada, horas, mirando el techo. No cocino, no limpio, no ordeno, soy la peor de las peores amas de casa. Bailo cuando estoy de buen humor y me desnudo, te darás cuenta que no tengo el mejor de los cuerpos.
Entonces analice la idea. La idea de esperar a que tu tuvieras la capacidad de destruir mis barreras. La idea de sorprenderte exclamando “No soy tan perfecta”. Que mientras mas te acerques a mi, mas difícil sea. Y tu, como un caballero glorioso esperando hacer feliz a la princesa, te des cuenta que en realidad soy mas parecida a un amigo tuyo que a una modelo. La mera idea me revolvió el estomago, decidí ponerte a prueba.
Quitando todo rasgo de timidez de mi cara, me arroje sobre ti excitada. Esa parte era la que mas difícil se me iba a hacer contener. Me correspondiste enseguida, comprobando mi sospecha de que tu también habías venido disfrazado. Te mordí con fuerza el labio para luego lamer el lóbulo de tu oreja. Soltaste un gemido, exaltado. Me susurraste una broma de porque no íbamos corriendo a tu departamento. Todavía no estaba segura de tus movimientos. Entonces, solté por fin mi risa de hiena. Una mezcla de gruñidos de perro y un cerdo atragantándose. Alzaste las cejas, sorprendido, reíste inmediatamente. Y supe que eras para mi.
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