“Ahora si voy a tener una buena anécdota para contar” pensaba, mientras te veía seduciéndolo en frente de mis narices. El no era el primero y yo ya me iba acostumbrando a que me hicieras estas escenas. Mis celos, esta vez cautelosos, se esforzaron por esconderse en lo mas profundo de mi tez. Te proferí una sonrisa, y proseguí conversando con nuestras amistades, dejándote todo el terreno posible para que producieras la acción que deseabas.
Lo peor de todo era la humillación a la que me veía siempre ante estas amistades. Ya que eran en común, nos conocían bien a mi y a vos, y sabían todo sobre nuestra historia. Para ellos también era algo normal la situación que se daba, y eso era lo que mas me sonrojaba. Esta anomalía en la que me encontraba todos los días, tener que aceptar una relación enfermiza por solo el placer de tenerte. Tenerte pero no proclamarte de mi propiedad, tenerte mientras tus ojos buscaban a otros, tenerte sin ningún tipo de compensación por lo que yo te daba. Esto, indudablemente, me hacia parecer débil a los ojos de los demás. No decían nada, pero yo sabia lo que pensaban de mi: la pobre persona que no tiene la fuerza de voluntad para ponerle los puntos. Para marcarle los limites. La verdad es que lo que yo sentía es que para lo que no tenia fuerzas era para ganarme del todo tu corazón. Indomable, o no, alguien algún día lo iba a atrapar y esa persona solo quería ser yo.
Era por eso que soportaba que estuvieras siempre seduciendo a otras personas. Ellas podían ser desde simples desconocidos hasta mejores amigos y lo que mas dolía era cuando te ganabas a estos últimos, claro esta. No por amor, no por traición. Yo ya sabia que, hicieras lo que hicieras con esa persona, a ninguna le entregarías tu afecto. Me dolía mas tan solo porque significaba mas vergüenza, mas humillación. Ni siquiera en mi mas profundo circulo de intimidad eras del todo mi pareja. Ni siquiera en mi circulo mas intimo de amistad yo era la única persona que conocía tu cuerpo. Los demás también sabían como besabas, como eran tus manos, como demostrabas tu placer. Me avergonzaba saber que ellos conocieran el secreto que solo debía ser mió.
Adelante un trago, suspirando fuerte cuando te vi por fin unir tus labios contra los de el. Tenias un método tan agresivo de besar: mordías y te pegabas al otro tan instintamente, demostrando tu lado mas animal. Te gustaba compararte con un león, el animal mas dominante de la selva. Los pocos que conocían tu método de seducción sabían que era en vano oponerse a el… tan metodista, tan fugaz: jugabas con todo el conocimiento de un ganador, sabiendo exactamente que decir en casa ocasión. Ibas y venias, impredecible en tus acciones, supongo que ese era el encanto que hacían que todos cayeran a tus pies. Eso y tu indomabilidad, cualquier persona histérica pisaría esa trampa solo para poder decir que logro tenerte. Incluso sabiendo que cediendo, me traicionarían. Incluso teniendo la clara certeza de que cediendo a ti me lastimarían, no podían decirte que no. Tampoco para ellos cuando tus labios andaban cerca era fácil imponer los limites establecidos en cualquier tipo de relación. Sabiendo eso, me era fácil disculparlos cuando me rogaban al día siguiente perdón.
Pero aquella noche, mientras procedías con el a otra habitación para entregarte a tu caprichoso placer, excedía de la anormalidad para convertirse en algo perturbador. Era la primera vez que me engañabas (si se puede usar tan hipócritamente el termino “engañar”) con el. El hecho de que esa noche no estallara se debía mas que nada a mi sorpresa que a mi ejercitado autocontrol. Todos a mi alrededor también tenían el asombro retratado en su rostro, pero nadie era incapaz de decir nada. Sentía mi pulso bombear descontrolado, pero era incapaz de reaccionar.
Ya supongo que se les estará cruzando por sus mentes: ¿qué clase de estupido se deja envolver por una persona tan sádica?, ¿qué clase de persona juega así con los demás?, ¿qué persona puede ser tan masoquista como para seguir con una persona así a su lado?. No lo se, si se los contesto tampoco lo entenderían. Podría empezar justificándome con la ausencia de un padre, podría justificarme tras la facilidad carnal de mi madre. Tras mis siete padrastros, mi fracaso laboral, un primer amor desastroso y un psicólogo nefasto que no me servia de nada… pero con ello tampoco se entendería. podría relatarles lo hermosa que era esa persona cuando, dejando sus capas de lado, mostraba su lado mas tierno, sorprendiéndome como un día de verano en pleno invierno. Que tanta practica, al fin y al cabo, lo hacían lo mas irresistible a la hora de acompañarme a la cama. Y que muchas veces me había repetido lo que yo significaba y lo irremplazable que era, aunque después me traicionara de esa manera. Pero, incluso con todo ello, tampoco es justificable.
Reconoceré igualmente que nada me había preparado para lo que vi esa noche. Volviste del cuarto de la mano de el con una sonrisa de satisfacción en el rostro que solo te la daba el buen sexo. Tenia las máximas esperanzas de que, en el fondo, te resultara asqueroso haber estado con el. Que por fin te convirtieras en alguien normal y tuvieras un mínimo de reglas conservadoras. Pero no, no era así. Mi corazón se encogió cuando supe que ahora si había llegado el gran final que tanto temía que llegara. La ultima cosa que me harías para que yo pudiera tener las fuerzas para poder decirte ”NO, esta vez no entraras a mi vida”. Mis ojos se rebalsaron de lagrimas y salí corriendo de la habitación. Cruce una mirada contigo antes de cerrar la puerta y alucine, tal vez, un dejo de culpabilidad en tu mirada. Suspire fuerte mientras asimilaba la información. Ahora si voy a tener una buena anécdota para contar, algo que se que le sucedió a muy pocas mujeres en la esfera mundial: mi novio es bisexual. Perfecto, lo ultimo de mi vida que faltaba que me hicieras experimentar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario