febrero 20, 2010

Callada


Callada, de pie, inamovible, me escondo. Encajada, descuartizada, en tu piel, suplico. Inmersa, traicionada, escupida, trabajo. Suelta, perdida, plena, escribo.                         

Se percibe, inmediatamente, el fin del mito. El mito de lo que siempre creí que fui, y hoy el destino, sin forzarlo, se burla de mi. Me halaga, y me burla. Se disfraza, y usa el sarcasmo. Se aturde a si mismo escapándose del sentido que nunca debe caracterizarlo. Me hace reír. Y me río con vos. Porque todo lo que esta preparado para mi, no tiene nada que ver con los días pasados.    

Lo que me define, me deja de definir. Lo que respiraba, ya no lo respiro. Lo que comía, ya no lo como. Lo que disfrutaba, ya no lo disfruto. Lo que lloraba, ya no lo lloro y lo que amaba, ya no lo amo. La libertad realmente es un tren, se corta de estación en estación y te deja respirar el aire antes de encerrarte nuevamente. Esa es la bendición del tiempo para pensar plenamente. 

Hoy el destino me hace muecas. Me quita la cadena de traumas, me endereza y me limpia la espalda. Rápido, torpe, me desintoxica la esencia y me deja bamboleante, en calma, en una hamaca. Me levanto, intento encontrarte, y te encuentro. Camino tranquila al silencio. De tu abrazo, en tus besos. Encerrada, en nuestra cadena de almas, intentando hacerte feliz, nunca fui tan feliz.                                                                         


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