
Un tiempo atrás, existió una nena hermosa. Era tan hermosa, que el mundo detenía su locura para contemplarla unos pocos segundos, y la madre que llevaba el cochecito se regocijaba en orgullo. Mi niña crecerá fuerte, tendrá cabeza, será exitosa. Podrá decir que tuvo una familia amorosa, será fascinada y, hasta por los mas desvergonzados, completamente respetada.
Nadie pudo percibir el poder de aquella sombra prohibida que se le acerco cuando apenas comenzaba la niña a ser mujer. Eran sombras maldecidas, sombras condenadas por todos, menos por la niña que lo amaba. Sin piedad le susurraron al oido las palabras contrarias de lo que el mundo le dictaba. Le gritaron inútil, le gritaron débil, jugaba con su psiquis mientras ella se disfrazaba. Rechazo su cuerpo, rechazo su alma, actuaba de un insensible comprador critico mientras ella se corrompía en la traición. Traicionada porque le habían mentido, traicionada porque su visión de si misma ya no era un abrigo. La audaz sombra era la única sincera en todos los discursos fingidos que la habían acariciado en su infancia. Ella ya no era nadie, nadie eran todos. La niña hermosa había desaparecido.
Hoy ella se entrega a su piel, y se aplasta para comprobar cuanto falta para llegar a su cielo. Las lagrimas no existen, no tienen condolencias los que no son dueños de su cuerpo. La nena hermosa no se quiere, grita la familia desesperada, la nena hermosa es ciega. Pobre niña hermosa de ojos ennegrecidos, que no pueden ver mas allá de sádicos recuerdos. Sádicos juegos que un día, imperceptibles, llegaron demasiado lejos.
La nena hermosa no existe, la nena hermosa se suicida en cada uno de sus movimientos. Ella no desea ser deseada, ella jamás amara para ser amada. Muere en cada roce de su sexo, muere porque no permite que ningún hombre roce lo bello. Las manos de ellos, narcisos que intentan descubrirla y son incapaces de ver mas que un espejo, son las primeras que se alzan en la menor oferta de la subasta mas barata pulsando por su aliento. El batallón de soberbios siempre listo para el juego de trampas, aquellos ineptos de admirar nada.
Una noche la niña hermosa sola se desnudo, volteo para observar su reflejo y el llanto la corrompió. Llamo desesperada al que primero la marco, el apareció en su casa, incapaz de entender su perdón. La niña hermosa en silencio tomo su mano y lo guió, lo llevo hasta su baño donde el reflejo la esperaba, un par de velas y la bañera llena. Le pidió al hombre que la desnudara lentamente, y que mientras lo hacia besara su frente. Le pidió que después descendiera a recorrerla, que rozara con sus labios hasta el ultimo escondrijo de su consistencia. Le dijo que mientras lo hacia, admirara cada una de sus formas, que notara como su respiración se agitaba, que reconociera su propio olor encubierto bajo aromas que lo disfrazaban. Le explico que necesitaba de el su reconocimiento, necesitaba de el para encontrarse a si misma y poder encontrar su esencia. Necesitaba que alguien la viera como la habían admirado en su infancia. Precisaba que alguien descubriera su alma, y la abrazara. Y le rogó, mientras la voz se le quebraba, que la ayudara a descubrir la manera de poder volver a amar. De enamorarse de ella misma, y así de los demás. Luego ella desnudo al hombre del mismo modo, y le ordeno que se metieran en la bañera los dos. Le paso la esponja y le dijo que la limpiara, que hallara la forma de volverla pura. Que le rozara la esponja contra su piel hasta que esta ardiera y se dividiera, que así llegara hasta su interior y sanara su agonía perturbada.
Cuando termino, ella se había quedado dormida sobre el. El hombre la saco de la bañera, y la acostó en su cama. La sombra la vigilo hasta que ella dejo de respirar, su rostro se volvió tenso, sus labios agrietados. El brillo se esfumaba rápidamente de su cuerpo, perdió el color que la rodeaba. Su pelo rubio se volvió blanco mientras el cadáver se agrietaba. Le toco las mejillas, y las descubrió húmedas y frías. La niña hermosa había extinto por su teoría de mentira. La sombra rió mientras la acariciaba, agradecido por el regalo eterno de aquella niña que moría. Ella sin darse cuenta, le había entregado todo el amor que tenia, contando con ello también, el amor por si misma. La pobre niña hermosa corrompida.
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