
Al final, las personas más insensibles son las que se vuelven vulnerables a la adicción. Por más facetas elitistas, mas allá de toda mascara del perfecto prototipo del disfraz, esa es la que al final representa la más alta mediocridad humana, aclarando claro esta, que jamás serán ellos los débiles para los ojos de la alta sociedad. Los héroes de aquellas tragedias rancias fueron y dieron el pie al modelo típico de lo que se debe ser, fuerte, racional, instintivo, una cabeza, y dos pies. Ganador, audaz, quizás hasta destructivo, cualquier objetivo inalcanzable teniendo una mano ya en la meta. Un triste error cometido por aquellos absurdos tradicionalistas que quisieron convertir de la belleza del mundo un significado ético y absurdita.
Tengo el mundo entero a mis pies, no me temblaron las manos a la hora de decidir si dejaría que el amor me carcomiera mis ansias de poder. Mi instinto narcisista me guió a tomar todo lo que mis propias manos tuvieran la capacidad de agarrar, quizás incluso todavía más, ya que el conseguir hoy en día es algo completamente infinito e inmortal. He hecho cosas horribles de las que no me arrepiento de hacer, he dejado todo lo valido en este mundo por el afán de tener. He destruido todo lo que se interpuso en mí llegar al ser, y trabajo miles de horas al mes. Tengo millones de cosas a por disfrutar, con la única contra de que todavía no he llegado a mi limite para poder darles lugar. En cuando a todo lo relacionado con lo demás, nunca nada me pareció suficiente a mi bienestar. Pues, verán, detrás de toda la faceta narcisista que construí, detrás de cada mirada admirada a mis logros de hoy, hay un hombre temblando de noche con el roce frió del vació a mi alrededor. Y es que no puedo parar, ya ha dejado de ser una elección, no puedo dejar de seguir logrando y detenerme a reclamar amor.
Me encuentro en una entrega de premios, mientras oigo mi nombre sonrió a la vez que escucho silbidos de admiración, y mientras me elevo, con los aplausos que resuenan distantes a mi noción, detrás de esa sonrisa no puedo dejar de oír la voz desesperada de mi propia hija que grita “ Papa vuelve a casa por favor”, me volteo, entonces alguien palmea mi espalda y susurra en alto “Eres el mejor”.
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