
Me desperté con la sensación de querer llorar, de abrazarme a mí lastima una vez más. De vez en cuando, siento esa necesidad. La necesidad de desear mi soledad, y sufrir con ella una ansiedad. La ansiedad que busca exhaustivamente una huida de vuelos con planes de sueños que nunca desee realmente, mi única excusa a no abrir los ojos y ver la mediocridad que es mi ambiente. A temblar con el solo hecho de pensar en apoyar los pies en la tierra nuevamente. Quizás fueron los autores mas audaces los menos abrumados por la tortura del sentir constantemente el suelo romperse. Quizás, los mejores autores, fueron los que voluntariamente restregaron sus pies contra el barro para poder volar concientes. Y aquí estoy yo, sin ninguna idea de lo que quiero efectivamente.

