
En abril nos encontramos en un café. Por momentos, perdía el control del tiempo, pero me acuerdo que vi el reloj una vez y me dijo que eran las tres. ¿Por qué te estoy aclarando el tiempo y el lugar? ¡El tiempo y el lugar no importan! En realidad, nada de esto ya importa.
Cuando nos conocimos era otra época, y el café era otro lugar. Diez años, veinte años, treinta años después me dijiste todo lo que quería escuchar. Genial, ahora voy a poder vivir mis últimos años en paz. Lo podrías haber hecho antes igual, me hubieses ahorrado la mitad de la vida, pero esta bien, igual te voy a perdonar. Ahora se que vos también me amas.
¿Estas arrepentida? ¿Te estas muriendo sintiéndote culpable de heridas? Realmente sos culpable de heridas. Heridas que cerraron hace años, heridas que hiciste hace años, heridas que aun siguen sangrando, y heridas que aun abrís todos los días. Los podes ver, si los queres ver, claramente marcados. Van desfondados, extrovertidos, contando cosas personales a extraños. Llevan la cara alegre, los ojos tristes, los dientes manchados. Ninguno, igualmente, es un vago. Son exitosos, pero también uranios. La vida les costo la vida y lo relucen en todos lados. No toques sus cosas, y tampoco toques su alma. Su alma es peligrosa, esta carcomida y arde si le das prisa. Uno soy yo, otros tus hijos, tus hermanos (los buenos) y un perro que murió abandonado. El socio al que dejaste sin trabajo, la persona a la que gritaste inútil, la amiga a la que le robaste el novio en quinto año.
¿Le hiciste daño alguna vez a alguien?, ¿prometiste algo que luego no pudiste mantener?, ¿te burlaste, tuviste prejuicios, manchaste la reputación de alguien alguna vez? No, ellos nunca tienen razón. Deja, ni te preocupes, yo se que todos piensan que son buenas personas. Nos podemos justificar con que nadie es perfecto y todos se equivocan aquí o allá. Aquí o allá, con más frecuencia, con menos, todos somos iguales. Todos somos humanos que queremos perdonar. Todos domesticados, guardando los dientes, viviendo en hogar. Decime lo que quieras, puedo sentir lo que sea, pero me lo voy a guardar. Las ansiosas ganas de matarte para que mi cerebro después no me diga que hice algo mal. No quiero sentirme culpable, pero yo también soy un animal. Tene cuidado, te perdono, pero estoy a punto de romperme y saltar.
1 comentario:
Está muy bien, me gustó mucho, sinceramente. Capaz te pueda interesar mi blog, por el estilo... capaz no, pero dale un oportunidad!
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