febrero 20, 2010

Vos y yo vamos a ser viejas




Viejas. Vos, y también yo, vamos a ser viejas. Igualmente, eso hoy no es lo que importa. Porque hoy tus pies cansados siguen intentando matar el tiempo. Tu cara joven, inocente, disfruta admirarse en el espejo. Tus sueños tontos, pero frenéticos, no oscilan a descansar durmiendo y tus sabanas blancas, tristes, desean continuamente matar a la virginidad y decencia.                                                                                              

Cortas, tus manos, querrán siempre buscar un poco mas allá. Desesperada, tu grandeza, ansiara erupcionar, y tu alma, ambiciosa, deseara continuamente matar tu edad.                                                 

Serás conciente de que todas las puertas del mundo jamás cerraran, de que los años son inmensos, de que lo que vivís no vale porque acaba de empezar. Jugaras con cualquier limite, dirás lo que quieras decir, lastimaras a quien quieras lastimar, - porque- porque si.                                                                                                                                    

 Exigirás de tus padres todo su amor, su dinero, su lealtad, su entero corazón. Su orgullo, su tolerancia, su verdad. Su comportamiento, sus reglas, tu libertad. Disfrazaras cualquier pecado de ignorancia por tu edad. Mentir es parte del juego, es completamente normal.                                                                                                                     

Rompiendo, bailando, ignorando, queriendo, un día las puertas se cerraran. Pensaras que es demasiado pronto, y también demasiado tarde para comenzar. Te vas a dar cuenta de que no se te permiten mas fallas, y automáticamente intentaras todo el tiempo ser perfecta. Perfecta para los demás, perfecta confundiendo la felicidad. Construyendo tu autoestima, organizando la vida, un día esta misma te la quitara. Te miraras en el espejo y desearas no verte mas.                                                                                 

Tenes todas las puertas del mundo abiertas, pero no te olvides…. vos, y yo, vamos a ser viejas.

Callada


Callada, de pie, inamovible, me escondo. Encajada, descuartizada, en tu piel, suplico. Inmersa, traicionada, escupida, trabajo. Suelta, perdida, plena, escribo.                         

Se percibe, inmediatamente, el fin del mito. El mito de lo que siempre creí que fui, y hoy el destino, sin forzarlo, se burla de mi. Me halaga, y me burla. Se disfraza, y usa el sarcasmo. Se aturde a si mismo escapándose del sentido que nunca debe caracterizarlo. Me hace reír. Y me río con vos. Porque todo lo que esta preparado para mi, no tiene nada que ver con los días pasados.    

Lo que me define, me deja de definir. Lo que respiraba, ya no lo respiro. Lo que comía, ya no lo como. Lo que disfrutaba, ya no lo disfruto. Lo que lloraba, ya no lo lloro y lo que amaba, ya no lo amo. La libertad realmente es un tren, se corta de estación en estación y te deja respirar el aire antes de encerrarte nuevamente. Esa es la bendición del tiempo para pensar plenamente. 

Hoy el destino me hace muecas. Me quita la cadena de traumas, me endereza y me limpia la espalda. Rápido, torpe, me desintoxica la esencia y me deja bamboleante, en calma, en una hamaca. Me levanto, intento encontrarte, y te encuentro. Camino tranquila al silencio. De tu abrazo, en tus besos. Encerrada, en nuestra cadena de almas, intentando hacerte feliz, nunca fui tan feliz.