abril 18, 2008

LO QUE NUNCA FUE


Esta historia nunca tuvo una coherencia, nunca tuvo ningún desenlace, no tuvo ningún fin. Si quieres, no la llames historia, porque jamás la veras morir. Podríamos darle un contexto, una parte dio amor hasta desgajarse y la otra parte vivió de el. Ni siquiera hay partes, una no existe, una nunca tuvo papel. Una nunca actuó, una nunca supo de este contexto creado a su alrededor. Siempre fue basada en una sola persona, en la visión ilusa de una niña encerrada en su propia piel. La cárcel creada por ella misma que marco cada uno de sus pasos después del nacer de el.

El nunca sabrá que fue de su andar, y la historia que nunca fue, tampoco será. Ya no vivirán juntos, ya no se tendrán. Jamás serán padres del mismo hijo, jamás se besaran. A ella la amaran otros, y el tiempo de ambos se acabara, ella nunca será mas de lo que fue para el, ni el mas de lo que era para ella. No se podrán tocar más. No sabrán donde viven, que sienten, con quien están. No sabrán que hubiera sido vivirse, esperarse, estarse, amándose juntos hasta despertar. Tampoco sabrán quien fue el primero en morir.

Las miles de promesas que quedaron con el aire, ella siempre las revolverá. Nunca aprendió que la realidad del amor es que no es eterno con una persona, sino una transición. Que el amor tiene etapas, y la ultima siempre será el dolor. Que no puede fiarse de promesas impropias, porque estas no dejan lugar a un futuro interminable con ella. En brazos ajenos, brazos de amor, ella recurrirá a su pasado y a su cárcel de tez. Dirá que sigue amando, pero que es un amor cansado de ser.

abril 04, 2008

Verónica y Javier (Relato)




Verónica comenzó a revolver cosas en ese viejo baúl que no abría desde que se había casado, hacia más de veinte años. Su hijo menor necesitaba un sombrero de galera, y ella estaba casi segura de que había guardado alli un sombrero así que había utilizado en sus épocas de actriz, cuando todavía era una adolescente.

Cuando ya había pasado un poco mas de cuarto de hora redescubriendo su juventud en aquellos viejos objetos que le enviaban a la cabeza miles de recuerdos ya casi olvidados, finalmente lo encontró. Ese dichoso sombrero viejo, cubierto de polvo, con el que una noche había recibido miles de aplausos gracias a su talentosa actuación, que ingenuamente ella creyó que seria su verdadera vocación. Comenzó a reírse sola de este hecho, no supo determinar cual fue el tiempo en el que aquellos tontos sueños desaparecieron de su cabeza y cayo a la realidad de un gran golpe, pero adivino que probablemente había sido un poco después de casarse, cuando se enteraron ella y Javier que iban a tener un hijo.

Puso el sombrero a un lado, y siguió revisando el baúl por curiosidad, con un poco de miedo a llegar a algún recuerdo que odiaría encontrar. Más disfraces, anuarios, libros viejos, fotos con amigas con las que ya no hablaba o difícilmente recordaba sus nombres, y un diario. Un escalofrió mezclado con una intensa emoción le recorrió la espalda cuando tomo aquel cuadernito en el que se había sumergido cuando era una adolescente y contaba detalladamente aquellos años de su vida. Lo abrió y leyó la primera pagina, donde automáticamente describía la intensidad con la que amaba el teatro. Una sonrisa melancólica le cruzo el rostro.

En ese momento, la puerta se abrió, y entro Javier con un aire cansado. Se sentó al lado de Verónica y observo el desorden que había hecho.

- Encontraste el sombrero? – Pregunto mirando alrededor

- Si, esta ahí, al lado de baúl- Le contesto Verónica, mientras seguía leyendo su viejo diario.

- Que es eso?

- Mi diario de soltera- Respondió Verónica con una sonrisa picara, Javier puso cara de enfado.

- Déjame leer eso- Y le arrebato el cuaderno de las manos, y se puso a leerlo, transformando su mala cara también en una sonrisa.- Deberías volver a actuar

- No, no – Negó la mujer con cara de pánico- Ya estoy muy vieja para eso

- Jamás estarás vieja para mi- Refuto Javier, mirándola con dulzura.

Siguieron leyendo juntos el diario, hasta que de repente encontraron una parte en la que Javier aparecía. Se habían conocido en la escuela de estudios teatrales. Veronica había escrito que para ella, el era una pesadilla: la seguía a todas partes, le cantaba sonetos de amor y de vez en cuando, la insultaba. A lo largo de las páginas que proseguían, Verónica se preguntaba todo el tiempo si Javier no sufría alguna enfermedad mental, porque claramente creía que estaba demente.

-Que mala eras – Le reprocho Javier a su lado, ella se disculpo brevemente y prosiguió con la lectura. A lo largo de las siguientes paginas, la presencia de Javier en ellas se hacia mas evidente, hasta que llegaba a hablar de otra cosa que no fuera el. Finalmente, luego de extensas descripciones de las conversaciones, había confesado que creía estar enamorada de el, y que le iba a dar una oportunidad.

Luego de esa confesión, las palabras que había escrito cuando apenas tenia diecinueve años de edad, parecían brillar todavía con la felicidad con la que habían sido escritas. Hablaban de Javier, de lo bien que le hacia su mera presencia, de cómo la hacia reír y como podía contar con el para cada cosa que le sucediera. Del descubrimiento del amor, de lo increíble que era, de cómo era capaz de dejar cada uno de los proyectos que había organizado para su futuro a lo largo de toda su vida solo por seguir estando a su lado cada día. Infaliblemente, lo había hecho, pensó Verónica cuando leyó esta frase en su diario.

Cuando Verónica y Javier volvieron a la realidad, después de haber leído casi todo el diario, habían pasado ya varias horas y estaba anocheciendo. Solo quedaba una página por leer. Verónica, con las manos temblorosas, la leyó lentamente. En esa pagina, relataba como Javier le había pedido matrimonio, como con cada palabra en su proposición le había dejado en claro que su única felicidad dependía de ella, que aunque eran jóvenes, no quería esperar un solo día mas sin estar atado a ella por el resto de sus días. Contaba como ella le había dicho que si, que sin el ella no era nada. Como dos adolescentes se habían jurado amarse toda la vida, aprendiendo a ser dueños de sus emociones.

Entonces, al finalizar esa hoja, Verónica alzo la vista con los ojos llenos de lágrimas y miro a Javier, quien silenciosamente lloraba.

- Es increíble poder amar así, con la misma intensidad, a lo largo de tantos años- Susurro la mujer mientras miraba a la persona que estaba a su lado y sus lagrimas aumentaban- Es increíble el prometer seguir amando a una persona toda tu vida, y todavía poder cumplirlo día a día

Javier le acaricio el cabello sin decirle nada, y entonces la abrazo fuertemente. Ambos se quedaron en silencio varios minutos, sin escuchar nada mas que el ruido de sus respiraciones, percibiendo como les ardía la piel al poder sentir la tristeza que sentía el otro.

- Me gustaría que papa estuviera aquí – Susurro Javier, mientras se separaba de su madre y se derrumbaba en lágrimas.

- Sigue aquí- Contesto Verónica, y sonrió, observando aquel anillo, viejo también, que estaba y había estado en su anular por mas de veinte años.

Reafirmo la frase que acababa de decirle a su hijo en su cabeza, “sigue aquí”, el único pensamiento que le hacia no cumplir lo que le había dicho a Javier cuando el le propuso matrimonio. Solo así, ella, aunque su esposo ya no existiera, podía ser, y así, sacarse la duda sobre estar viva.