
Yo te puedo hablar. Te puedo describir la belleza del hábito de una prohibicion al suenio con el unico objetivo de despegar. Te puedo contar las mil maneras de sonreir a una fantasia que resuena en mis oidos cuando ya ha oscurecido, cuando el mundo se puede envolver en un panuelo, y solo mi persona y mis deseos pueden sostenerlo. Quiero relatarte lo que es sentir la soledad arder en cada extremidad de tu cuerpo, y tener la capacidad de sentir un brazo inexistente reconfortarte en una bruma de posibilidades e inventos. El poder de vivir cada recuerdo, sentirlos correr por la piel y las sublimes caricias de una yema de dedo. El deseo abrumador de la boca ansiosa, donde el ser solitario no importa, cuando el cuerpo y la mente bastan y sobran. Las proposiciones absurdas, y la falta de coraje, la voz alentadora y la amenaza cortante. Las risas solitarias y la mirada ambiciosa, la bronca reprimida y promesas insatisfactorias. Y finalmente, el aterrizaje inesperado, cuando la cobardia, la sobriedad y la cultura vuelven galopando. La burla propia al inconciente que nuevamente nos ha traicionado, y la travesura de por momentos volver a meditarlos. Yo te puedo hablar de mis viajes en noches de insomio a otros lugares, donde nunca me hara falta cerrar los ojos para poder volar. Ahora vos, de que viajes me queres hablar?
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