
Háblame de locuras, háblame de la necedad del vivir. De la forma en que una red negra atrapa el alma insegura, y la ahoga sin dar ni aceptar recibir. Háblame de la forma en que torturas, en que tejes la red negra con tus propias dictaduras. De tu técnica insensible para quien no siente y el regalo ficticio a quienes sueñan y no duermen. Háblame de cómo construyes irrealidades en lo que siempre fue, de cómo logras aparecer una aglomeración de desesperados en un solo ser. Háblame de cómo un ser tan frágil puede corromper a alguien menos debilitado que el, como puede compenetrar en el cuerpo y unas reglas inquebrantables que siempre fueron, y hoy caen otra vez.
Eres locura, eres la necedad del vivir, y como el mundo desea tu lago de lujuria con el lago de la seguridad al alcance de sus manos. Háblame de cómo creas el odio en la rutina, y la obsesión en la debilidad, del espasmo en tus manos y la consternación de la célebre soledad. Háblame del cuerpo y deja de hablar, demuéstrame una vez mas que es el único lenguaje que sabes escuchar. Háblame del amor, y su constante mediocridad, del ruego inaudito por un roce prohibido y su estupida y contradictoria moral.
Que solo en lo prohibido existe tu necesidad del ser, y solo por eso la red negra eres capaz de tejer. Cuéntame de la red negra, que atrapa vulnerables a quienes alguna vez tuvimos una meta, y cavare un pozo para encerrarme con mi desesperación en ella. Que ya no tengo mucho que hacer, ya me queda poco por pisar, dame solo la dosis de la indiferencia a todo lo que alguna vez me importo, y dame la herramienta para terminar con todo lo que soy.
Háblame de la necedad del vivir, si alguna vez el vivir existió.
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