abril 20, 2010

Te perdono


En abril nos encontramos en un café. Por momentos, perdía el control del tiempo, pero me acuerdo que vi el reloj una vez y me dijo que eran las tres. ¿Por qué te estoy aclarando el tiempo y el lugar? ¡El tiempo y el lugar no importan! En realidad, nada de esto ya importa.

Cuando nos conocimos era otra época, y el café era otro lugar. Diez años, veinte años, treinta años después me dijiste todo lo que quería escuchar. Genial, ahora voy a poder vivir mis últimos años en paz. Lo podrías haber hecho antes igual, me hubieses ahorrado la mitad de la vida, pero esta bien, igual te voy a perdonar. Ahora se que vos también me amas.

¿Estas arrepentida? ¿Te estas muriendo sintiéndote culpable de heridas? Realmente sos culpable de heridas. Heridas que cerraron hace años, heridas que hiciste hace años, heridas que aun siguen sangrando, y heridas que aun abrís todos los días. Los podes ver, si los queres ver, claramente marcados. Van desfondados, extrovertidos, contando cosas personales a extraños. Llevan la cara alegre, los ojos tristes, los dientes manchados. Ninguno, igualmente, es un vago. Son exitosos, pero también uranios. La vida les costo la vida y lo relucen en todos lados. No toques sus cosas, y tampoco toques su alma. Su alma es peligrosa, esta carcomida y arde si le das prisa. Uno soy yo, otros tus hijos, tus hermanos (los buenos) y un perro que murió abandonado. El socio al que dejaste sin trabajo, la persona a la que gritaste inútil, la amiga a la que le robaste el novio en quinto año.

¿Le hiciste daño alguna vez a alguien?, ¿prometiste algo que luego no pudiste mantener?, ¿te burlaste, tuviste prejuicios, manchaste la reputación de alguien alguna vez? No, ellos nunca tienen razón. Deja, ni te preocupes, yo se que todos piensan que son buenas personas. Nos podemos justificar con que nadie es perfecto y todos se equivocan aquí o allá. Aquí o allá, con más frecuencia, con menos, todos somos iguales. Todos somos humanos que queremos perdonar. Todos domesticados, guardando los dientes, viviendo en hogar. Decime lo que quieras, puedo sentir lo que sea, pero me lo voy a guardar. Las ansiosas ganas de matarte para que mi cerebro después no me diga que hice algo mal. No quiero sentirme culpable, pero yo también soy un animal. Tene cuidado, te perdono, pero estoy a punto de romperme y saltar.

NO COMAS!


Dios te hizo así. El mundo no carga con esa culpa. Dios te hizo así. Vos no tenes esa culpa. Encerrada en tu cuarto, ni una sola luz prendida, el reflejo de tu sombra continua siendo tu disgusto todos los días.

No me mires a la cara, no levantes mi remera. No intentes nada conmigo, no me hables si podes evitarlo.
Me da vergüenza.

Me escondo. Me escondo amputada, ya que debería haber nacido en otro lado. El mundo no esta preparado para mi, la puerta se cierra incesantemente. Mi imagen es mi fantasma, es donde ahora vivo. La cárcel creada por mi misma gobernada por odio. Odio a todos los que alguna vez se rieron de mi. Odio a mi.

El espejo me repite lo mismo. Me esquiva, me absorbe, me lastima. Yo no soy yo, y esa es mi envidia. Me gustaría llegar a la ultima costilla, partirme en tres y ahogarme en mi salida. Encontrar una solución a esta angustia, y que nunca sea positiva. Me estanco, y me estanco en lo oscuro sintiendo lastima por mi misma. Disfruto sentir lastima por mi misma. Se que es un patético placer amargado, pero el dolor me hace sentir viva.

Llevo un orden, un numero, un proceso. No se basa en estadísticas, solo en peso. Nada me hace sentir mas llena que menos peso en las piernas. Quiero flotar, flotar hasta desaparecer. Carcomerme lentamente hasta demostrarle al mundo mi máximo ser.

No levantes mi remera, no me mires a la cara. No me toques todavía, que todavía no soy perfecta. El mundo es el perfecto, a ellos si les dieron la perfección, espérame que algún día voy a ser como vos. Cuando el hambre me devore, cuando el mundo me llore. Cuando mis huesos denoten mi belleza, cuando ya no me puedan ver.

Yo no soy yo todavía. Espérame, estoy a un momento de encontrar la salida.

No me acuses de superflua. No pienses que estoy jugando. Después de todo, Freud dijo: “solo los que piensan pueden crear enfermedades psicológicas”. Me rió. Los tontos serán felices a su antojo.

Y a mi solo me falto amor.

abril 14, 2010

El cerebro fue el error de Dios


Sin coherencia te puedo decir: no quiero escribir más. No quiero vivir más en esta casa, y no quiero salir a ningún lugar. Sin querer te puedo mentir, y me puedo mentir a mi misma buscando otra realidad. Soñando despierta, repitiendo mis letras, deseando mas libertad teniéndola en totalidad.

Mi casa soy yo. Adueño extractos de partes que me tocaron, me olieron, me quisieron marcar. Exploto, revuelco, te toco para que no me mires más. No me quiero tomar tan enserio, pero soy yo, y a veces no hay nada mas allá. Voy a pasar al lado tuyo pero siempre tu visión será un espejo de la mía. Me veras desde tus ojos, ¿¿alguien puede entender ese cuadro??. Imagínate a vos mismo mirándote de frente. No, no marques tus imperfecciones, no, no resaltes solo lo que a vos te gusta, NO! DEJA DE ESCUCHAR TUS PENSAMIENTOS!. Imagínate desde el otro, ahora desde otro, y ahora desde una muchedumbre. Quienes son?.. Son todos?, no es nadie?... hay alguien?. Y donde estas vos?

El ser humano no nació para tener razón. El cerebro fue el error de Dios. Que el hombre sea el único ser vivo que sea conciente de su muerte es el fin de la vida, o sea, el principio de vos. Como no ser masoquistas ante esa revelación?. Nos proponemos construir, después de todo el deseo es el núcleo del humano. Una persona con deseo de nada es un muerto. Las personas con deseos son masoquistas, todo deseo lleva a una construcción y toda construcción a un posible fin. Ahí nace el terror: el miedo del fin del todo. Ya que todo tiene su propia forma de caerse a corto o largo plazo, el humano esta hecho para sufrir. Tarde o temprano todo lo que conocemos será polvo, polvo que luego se disolverá.


Me gustaría ir sin razón y acostarme en el pasto.