
Somos juguetes del instinto. Juguetes confundidos buscando un destino, esquivando las trampas de la esencia nativa que se imponen contra la razon y toda etica ya antes dicha. La libertad extrema, siempre al alcance de la mano, facilita que las trampas lleguen a su destino. La libertad, la anhelada y la concecuente, que siempre se ha de acortar a la hora del castigo, que siempre ha de llegar puntual a la hora de remorderse.
Somos la manada esclavizada, por lo que es natural, y por lo que es valeroso. Por lo que es innato y lo que nos es impuesto. Por dos fuerzas entrecruzadas, que siempre juegan a la hora del deseo y del arrepentimiento. Este es el juego al que siempre estaremos expuestos, el juego que yace en la piel del hombre mucho antes de su propio nacimiento. Este es el juego que no te da opciones, el juego de fraudes y prohibiciones. Este es el juego del que nadie se atreve a decir palabra, el juego del instinto y sus tradicionales trampas.
Somos la manada esclavizada, por lo que es natural, y por lo que es valeroso. Por lo que es innato y lo que nos es impuesto. Por dos fuerzas entrecruzadas, que siempre juegan a la hora del deseo y del arrepentimiento. Este es el juego al que siempre estaremos expuestos, el juego que yace en la piel del hombre mucho antes de su propio nacimiento. Este es el juego que no te da opciones, el juego de fraudes y prohibiciones. Este es el juego del que nadie se atreve a decir palabra, el juego del instinto y sus tradicionales trampas.
